DO Arlanza, la virtud de volver a levantarse
Entre Palencia y Burgos, en el corazón de Castilla, un conjunto de 67 poblaciones conforma una denominación de origen que lleva en su ADN al río Arlanza. Los conocidísimas Lerma o Santo Domingo de Silos son algunos de los enclaves que dan vida a una zona que tiene en su historia una larga tradición vitivinícola.
Desde que en el siglo XX los monjes de los monasterios de la comarca plantaran viñedos para su propio autoabastecimiento, se fue forjando una pasión por el vino que inundó los territorios de casi todas las poblaciones comprendidas entre el Arlanzón y el Arlanza.
Este esplendor no duró para siempre y, tal y como ocurrió en la gran mayoría de zonas vitivinícolas del país, a principios del siglo XX también en esta zona hizo estragos la filoxera. Pero tras una época complicada y la plantación de nuevas cepas, el viñedo volvió a resurgir, y convirtiéndose en una parte muy importante de todas las explotaciones existentes en la comarca hasta aproximadamente los años 50.

Fue entonces cuando el sueño de una vida mejor en la ciudad propinó otro revés al vino. En esa época, las zonas industrializadas necesitaban una gran cantidad de mano de obra, provocando un éxodo del campo hacia la ciudad. ¿Os suena la España vaciada? Además, los cultivos vivieron su particular revolución y las plantaciones de cereal fueron ganando terreno a las de viñedo.
Pero el vino es una pasión tan potente que corre como la pólvora por las venas de aquellos que la sienten y así en 1995 un grupo de entusiastas del vino decidieron recuperar la tradición vitivinícola del Arlanza y comenzaron un viaje lleno de incertidumbres. Las dudas iniciales, sin embargo, se vieron disipadas con el reconocimiento por parte de la Junta de Castilla y León de la mención «Vino de la Tierra Ribera del Arlanza» y es a partir de ese momento cuando comienza a recuperar el brillo el sector del vino en esta zona.
En 2007 llegó el reconocimiento como Denominación de Origen Arlanza lo que supuso un nuevo impulso, no sólo para el sector del vino, sino para toda la comarca. La DO está comprometida con su territorio y promueve y apoya todo tipo de eventos culturales y sociales con el fin de dinamizar la actividad de la comarca. Una denominación de origen es un elemento diferenciador para las zonas rurales y la DO Arlanza es un buen ejemplo de ello.