Padres, viñedo y el relevo generacional que mantiene vivo el vino con D.O.
Aprovechando que se acerca el Día del Padre y para no caer en tópicos de regalos y felicitaciones, queremos hacer otra lectura que a veces pasa desapercibida y que tiene mucho que ver con eso que sostiene la cultura vitivinícola: la transmisión de conocimiento entre generaciones.
En las Denominaciones de Origen, el vino es sobre todo un oficio que se aprende con el tiempo y que, durante décadas, ha pasado de padres y madres a hijos e hijas. Un conocimiento que ha sido y es la mejor herencia familiar.
Quien ha crecido en una familia vinculada al vino lo sabe. Antes de estudiar enología o de incorporarse al trabajo en bodega, hay un aprendizaje mucho más instintivo que empieza acompañando al padre al viñedo, a la vendimia, observando cómo se poda una cepa, mirando al cielo para saber si va a haber lluvias, analizando y estudiando ese gran libro que es el viñedo.
Hoy por hoy, en muchas zonas vitivinícolas se vive un momento muy interesante por el relevo generacional que se está produciendo. Las nuevas generaciones vienen a modernizar el sector con formación técnica y nuevas ideas, pero a su vez no olvidan todo eso que han aprendido en casa. Y ese equilibrio entre tradición y renovación es uno de los grandes motores de las Denominaciones de Origen. El vino evoluciona, sí, pero sin olvidar todo el conocimiento que se ha ido adquiriendo a lo largo de los años.
Detrás de un vino con Denominación de Origen encontramos historias que encajan con lo que representa el Día del Padre. El vino D.O. habla de aprendizaje compartido y de proyectos familiares que se transmiten con el tiempo. Cuando levantamos una copa de vino D.O., de alguna manera también brindamos y reconocemos a quienes lo hicieron posible antes que nosotros.
¡Feliz Día del Padre!